Se trata de elegir. Tu tomas tus decisiones y yo las mías. No voy a mendigarte. Si quieres continuar con ella, yo no voy ha estar presente (ni en tu mesa ni en tu cama) averiguando lo que hay entre nosotras. Es así de sencillo. Amar es una decisión, no solo un sentimiento. Te quiero pero no te permito que me hagas daño. No me conviene lo que me propones. Ni cerca ni lejos puedo soportarlo. No quiero. Me respeto lo suficiente y hay limites que no quiero saltarme.
No pido nada. Te he confesado mi sueño. Tu has confesado el tuyo. Si fueses mi amiga entenderías lo amargo que es esto. Si no quieres renunciar a ella es que no es mi momento.
He decidido jugármela y he perdido. Te esperabas otra cosa, no lo sé, tampoco sé cómo piensas. Debo ser medio gilipollas, porque después de una bofetada vuelvo a poner la otra mejilla. Que chasquido tan fuerte he sentido en las entrañas con tus ofertas. Ha sido esta mañana y a estas horas de la noche todavía me duele.
Pensé que si tu sabías cómo soy, yo iba a jugar con ventaja, que no me harías ese tipo de propuestas. Pero la vida te ha cambiado. Mi docilidad tampoco te emociona, ni siquiera mi honestidad brutal.
Creo que contigo me he equivocado de parte en parte. Pero saldré de nuevo a flote. Es una muesca más, un golpe más. Pronto volveré a poner la otra mejilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario