Me tomé muy en serio cada una de tus palabras ayer. No estoy enfadada. Creo que tengo todo el derecho a sentir, no sentir, cambiar, equivocarme, etc. Y tú también. Compartiste tu presente, tus deseos. Y esa nueva capacidad nuestra, de hablar desde las entrañas, sí me complace. Defendiste con tanta vehemencia tu decisión, que pude ver tu malestar por mi aparición ahora que te lo estás pasando bien después de tanto tiempo. Y me alegra poder hablar de ello. Ojalá lo hubiésemos hecho más veces en otro tiempo. Me doy cuenta de que utilizo mucho la palabra ilusión. Me pregunto si a lo mejor esto me permite conocer a la verdadera Silvia, no la ilusoria. ¿Dónde empieza la persona real que amamos? Existe realmente o la creamos?
La firmeza de tus palabras me invitó a tomar mi propia decisión. Y me tambaleé por un instante, no te creas que me resultó tan fácil. Me imaginé la escena: corriendo hasta tu cama, a ver quién llegaba antes, porque tú nos esperabas a ambas.Divertida con la escena. Eso es no tener la exclusiva, la que llegue primero, se queda esa noche. ¿Estoy en lo cierto? Así que en ese arrebato que te ha dado en el que has vaciado tu cama, yo ya había decidido estar de nuevo de nuevo lejos. Porque yo no quiero estar con alguien que me propone hacer carreras. Por el momento, yo he cerrado de nuevo la puerta, aunque no me queda más remedio que abrir la ventana; es lo que tiene el duelo, que te puedes ver ahogada en tus propias lágrimas.
SENSACIONES LIQUIDAS
Reconócelo, te pasas la vida escondiendo lo peor que tienes.
domingo, 2 de octubre de 2011
sábado, 1 de octubre de 2011
El poder de elegir
Se trata de elegir. Tu tomas tus decisiones y yo las mías. No voy a mendigarte. Si quieres continuar con ella, yo no voy ha estar presente (ni en tu mesa ni en tu cama) averiguando lo que hay entre nosotras. Es así de sencillo. Amar es una decisión, no solo un sentimiento. Te quiero pero no te permito que me hagas daño. No me conviene lo que me propones. Ni cerca ni lejos puedo soportarlo. No quiero. Me respeto lo suficiente y hay limites que no quiero saltarme.
No pido nada. Te he confesado mi sueño. Tu has confesado el tuyo. Si fueses mi amiga entenderías lo amargo que es esto. Si no quieres renunciar a ella es que no es mi momento.
He decidido jugármela y he perdido. Te esperabas otra cosa, no lo sé, tampoco sé cómo piensas. Debo ser medio gilipollas, porque después de una bofetada vuelvo a poner la otra mejilla. Que chasquido tan fuerte he sentido en las entrañas con tus ofertas. Ha sido esta mañana y a estas horas de la noche todavía me duele.
Pensé que si tu sabías cómo soy, yo iba a jugar con ventaja, que no me harías ese tipo de propuestas. Pero la vida te ha cambiado. Mi docilidad tampoco te emociona, ni siquiera mi honestidad brutal.
Creo que contigo me he equivocado de parte en parte. Pero saldré de nuevo a flote. Es una muesca más, un golpe más. Pronto volveré a poner la otra mejilla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)